La cruda realidad.
El deseo y el enamoramiento además de audáz, me volvieron romántica, despertando la vena cursi que con el tiempo se había diluído. Mis mensajes de correo así lo denotaban.
Cuando terminaba de escribirle me sorprendía las cosas que el deseo ponía en mi mente, o quizá deba decir; me sorprendía no poderlo apartar de mis pensamientos.
Por motivos de nuestros respectivos trabajos y de sus compromisos familiares, dejamos de vernos un mes completo. En mi casa se sorprendieron por interrumpir mis constantes ausencias. Incluso mi madre me preguntó si había tenido algún desencuentro con él; de forma lúdica acepté, dejándome sorprendida su actitud. Practicamente me aconsejaba que lo buscara y pusiera remedio al enojo, me dijo que en ocasiones las mujeres tendemos a ser asfixiantes con los hombre, y eso generaba dificultades, que lo entendiera y lo apapachara. Me he preguntado sí acaso mi madre también estaba bajo el mismo influjo seductor. Divertida le prometí que así lo haría.
El jueves, justo un día antes de cumplir un mes de no vernos; recibí una llamada de él, me dijo que su esposa y sus hijos menores saldrían a algún asunto que les tendría ocupados el fin de semana, hasta la tarde del domingo.
Medio disgustada me atreví a preguntarle, -¿y nosotros? Su típica respuesta saltó de inmediato; -Pensé que aceptarías venir a verme, pero si no te es posible, lo entenderé.-
Al encuentro me enteró que su hija mayor, una linda adolescente que yo conocía por fotografía, se había quedado, dado que tenía que presentar un exámen de danza. Acordamos que antes de instalarme en un hotel, el iría por su hija dónde ensayaba algunas de las rutinas que presentaría al día siguiente en su exámen. Posteriormente la llevaría a su casa y volvería al hotel, pero regresaría a su domicilio; esta vez sí que me sentí suripanta, pero la proximidad de su piel me ayudó con la situación.
Me llevo a cenar a un restaurante, de esos de cadena, dónde la sazón es el último requerimiento. Cuando terminé de cenar se levantó y me anunció que era hora de ir por la jóven, sin darme tiempo a preguntar por mí persona, me dió unos libros y me pidió que lo esperara en ese sitio.
Cuando lo ví abandonar el lugar, abrí uno de los libros; fue una experiencia inolvidable, Las Flores del Mal de Charles Baudelaire.
Autor y obra desconocidas para mí, de hecho con el título pensé que era literatura peripatética, y yo, con mi molesto sentimiento de sicalíptica, que distaba mucho de aquel disfrutable puta de semanas anteriores. Pero de la misma forma que la música aplaca a las fieras, la lectura tranquilizó mi humor. Baudelaire escribió esas poesías en estado pasional, muy parecido al mío, lo que hizo pensar que el poeta y yo estábamos en sintonía.
Más de una hora después volvió y se sentó a mi lado, preguntándome si estaba lista, no le respondí, solamente leí en voz alta unas líneas del poema que leía justo a su retorno:
Sin embargo, al ver la esbeltez elegantedel hombro y su trazo quebrado,la cadera levemente afilada, y la cintura ágillo mismo que un reptil irritado, se advierteque ella es joven aún. -Su alma exasperaday sus sentidos mordidos por el tedio,¿se habían entregado a la jauría enfurecidade deseos errantes y perdidos?
Lineas que se refieren a la descripción de un cadáver femenino.
Mi sorpresa fue inmensa cuando me tomó por ambas manos, me miró directo a los ojos y con voz suave y a bajo nivel, declamó de memoria:
El demonio se agita a mi lado sin cesar;
flota a mi alrededor cual aire impalpable;
lo respiro, siento como quema mi pulmón
y lo llena de un deseo eterno y culpable.
A veces toma, conocedor de mi amor al arte,
la forma de la más seductora mujer,
y bajo especiales pretextos hipócritas
acostumbra mi gusto a nefandos placeres.
Así me conduce, lejos de la mirada de Dios,
jadeante y destrozado de fatiga,
al centrode las llanuras del hastío,
profundas y desiertas,y lanza a mis ojos,
llenos de confusión,sucias vestiduras,
heridas abiertas,
¡y el aderezo sangriento de la destrucción!
Que es el primer poema del libro.
La admiración y el deseo volvieron a tomar posesión de mis sentimientos. Salimos del restaurante, y sorprendentemente no abordamos su automóvil, ni un taxi; caminamos por algunas calles, a esa hora vacías y casi silentes. Caminamos charlando de poesia, y de vez en cuando mirando a muestra cómplice, la luna. En ocasiones un beso detenía la marcha. Caminando por algunos minutos, entramos en un hotel. Pedimos algunas cosas para que él comiera, prefiriendo solamente cafe y pan con mermelada.
-Me tienes fascinada- le dije, terminando la frase me tomó por la cintura y me besó como ya me había acostumbrado.
Me fue desnunando lentamente, en tanto su boca me mantenía presa del deseo. Me llevó hasta la cama y continuó besándome y recorriendo mi piel con sus manos. Esa noche queria disfrutarlo en silencio, concentrándome en cada sensación. No obstante de cuidar la intensidad de mis jadeos y mi respiración, ese conjunto de adversidades me hacían difrutar potencialmente de sus caricias. Cuándo mis humedades inundaban mi sexo, prácticamente le supliqué que me penetrara, por respuesta se incorporó. Me pidió que recostara en la cama boca abajo, y acto seguido me dijo, que le dejara ver mis labios y nalgas, medio me incorporé, quedando en cuatro puntos; lo que le permitía tener al alcance tanto mi vagina como el culo. Me besó. Cuando retrocedió un poco, sentíalgo frío que untaba justo entre las nalgas y que casi de inmediato escurría entre ellas; era mantequilla, alcancé a ver que con la mísma se untaba el glánde, se puso en rodillas detrás de mí y dirigio el pene justo al culo. Tal acomedida me emocionó, sentí como trabajosamente intentaba el asalto, hasta que se deslizaba por las paredes del ano, venciendo la resistencia del esfinter, sentí que me desgarraba, al tiempo que me conducía al niveles mayúsculos de excitación y placer.
E inició el vaivén al tiempo que sus manos alcanzaban mis senos y de sujetaban de ellos anclándose. En un acto reflejo, yo abría y cerraba el esfinter, sujetando co fuerza su pene. Sus jadeos y el aumento violento del embate me confirmaban su beneplácito. El orgásmo fue muy intenso, debí morder la sábana para no dejar escapar un inoportuno grito, ya que imaginé que con él disminuiría el placer. Me tiré hacia adelante, sobre la cama, ésto hizo que el saliera de mi negra rosa. Aproveché para voltearme, pero el volvió al baño, el regreso me permitió ver con toda calma su pene crecido, esta vez cubierto por la piel artificial de un preservativo. Y se incrustó en mi vagina que anhelante lo aprisionó hasta que nuestras secreciones se estrellaron contra el látex.
Se levantó rápidamente y se vistió, con un beso en la mejilla se despidió y me dijo que por teléfono nos pondríamos de acuerdo para organizar el ya muy próximo día. Me dormí plenamente.
Contra lo que imaginaba, el teléfono sonó mas temprano; a las 9:30, anunciándome que me vestiera de la mejor manera posible ya que a las 11:00 horas era el exámen de su hija en el palacio de las Bellas Artes.
Pasó por mí y nos dirigimos al lugar del exámen. Le pregunté por su hija y me respondió que désde temprana hora la había llevado al sitio. Pregunté como explicaría mi presencia, me enteró que recién había renunciado su secretaria, sin que le hubieren asignado aún otra; por lo que yo representaría ese rol. Nos besamos lo necesario antes de entrar al recinto y ya en él caminamos juntos pero sin tocarnos, intentaba hacer bién mi papel. Antes de llegar al área de butacas, se adelantó y familiarmente saludó a un grupo de personas. Una señora de edad lo besó y lo abrazó con gran familiaridad. Yo me había detenido unos metros atrás y me convertí en espectadora del protocolo de saludos, hasta que el me señalo y me indicó que me acercara, me presentó como X, su recién nombrada secretaria, la señora de mayor edad me saludó cálidamente y dijo una frase que me dejó helada;
-Señorita, le encargo mucho a mi hijo-
Al acomodarnos para ver la actuación de los examinados, quedé entre su madre y él. La exhibición de la niña fue sorprendente, emocionante, tanto así que las manos de su abuela en varias ocasiones apretujaron las mías. Al final del ejercicio, la señora me abrazó y se disculpó por tal hecho, yo sonreía confundida.
Al salir del sitio, la niña se sumó al grupo, y evidentemente fue el motivo de todo tipo de halagos y felicitaciones, incluyendo las mías. La niña entonces propuso que la familia se reuniera y comieran juntos en algún sitio cercano. La situación se volvía incómoda, ya que él se disculpó argumentando que tenía trabajo pendiente, señalando que por esa razón yo, su secretaria, estaba presente. A regañadientes, aún no terminaban de aceptar su excusa, cuando interrumpió una de las maestras de danza, anunciando que la niña había sido seleccionada para una serie de tres actuaciones de un grupo de danza infantil en la texana ciudad de Austín.
La euforia familiar se acrecentó y la madre se acercó junto a mí y me dijo; -Señorita, ayúdeme a convencerlo de que atienda a su niña-
Él que alcanzó a ver la escena se adelantó y dijo que tal acontecimiento era más importante cualquier trabajo pendiente; así que se convino en la comida familiar.
Justo en ése momento aproveché para despedirme, argumentando que haría lo mismo con mi familia. Sorprendentemente mis disculpas no fueron aceptadas y fue su madre quien más insistió en mi presencia. La voz de la niña me convenció; -Señorita acépte, tómelo como trabajo-
Toda la familia me trato con las mayores consideraciones, lo que contrariamente, me hacía cargar con una gran viga de culpabilidad sobre mis hombros.
Depués de ponernos de acuerdo sobre la hora en la que nos reuniríamos
abordé un taxi con rumbo al hotel, una retahíla de pensamientos se agolpaba en mi mente. Me daba cuenta perfectamente de mi intrusión en esa familia; su nujer una periodísta exitosa, que hace artículos de política y economía para varias revistas nacionales y extranjeras; la hija mayor, la de éste relato, una linda chica con extraordinarias dotes para la danza; su hijo un excelente estudiante de primaria con premios en matemáticas y física, y la más pequeña de las hijas, una lindísima nena rubia que hacía sus pininos en la danza también. Me sentí más sóla, más miserable que nunca.
No soporté éste estado, hice mis maletas, dejé un recado para él en la recepción y me volví a casa.
Durante el trayecto de vuelta me sumergí en una vorágine de pensamientos encontrados. Yo nunca tendría una familia así...

4 Comments:
Mon Dieu
Cada relato es mejor que el anterior. ¿Sabes? Creo que pocos autores más invitantes al pecado, al amor, al placer, que Baudelaire.
PS Pienso que si tuvieras una "familia así", quizá no tendrías gozos y placeres como los que tienes. Desafortunadamente nunca se puede tener el pastel completo.
Besos
PS 2 Tus riquísmos relatos, me provocan antojos, que resultan inconvenientes a esta hora del día y en este lugar.
Qué significativo que leyera ese hombre a Baudelaire...El hastío y la fascinación por los excesos...bien retratada en Las Flores...
Me ha gustado mucho. La historia evoluciona y esperemos ver que sucede porque la protagonista queda a las puertas del vacío. En una preocupante soledad.
Saludos.
Buenísimo... sí, cada capítulo supera al anterior.
Me he dado cuenta de que somos paisan@s...
Saludos
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